viernes 10 de abril del 2020

Atroz


• Cinco casos, cinco entidades. Cinco causas y móviles. Cinco víctimas, sólo cinco de tantas. Todas mujeres, de entre cero y 88 años de edad. Todos los casos igual de atroces. Todos ocurridos en los últimos días. Y repito, sólo cinco de los varios crímenes que han ocurrido en el país.

Tenía 14 años. Fue degollada. Sucedió en Puebla. Su cuerpo fue hallado dentro de su casa en el municipio de Zihuateutla, en la localidad de Nanacatepec. El alcalde, además de lamentar el feminicidio, abrió de una carpeta de investigación.

Ellas eran madre e hija. Tenían 88 y 62 años de edad. Ana y Gladys también murieron dentro de su domicilio, en Mérida, Yucatán. Fueron estranguladas. Autoridades ya investigan los hechos. Fuentes extraoficiales aseguran que hay un detenido, sería el nieto e hijo de las víctimas.

Pasaron diez horas. Entre la denuncia en redes sociales y su asesinato. Jacqueline expresó en Facebook que un grupo de elementos policiacos, una mujer incluida, la acosó. Sucedió en Guerrero. Detalló que se negó a darles su teléfono; refirió que, además de la persecución, le tomaron fotos sin su consentimiento. Lo escribió en un grupo de la red social en donde algunos de sus miembros señalaron a una patrulla de cometer abusos. Serían elementos del cuerpo de Seguridad Pública de la CDMX. El cuerpo de Jacqueline fue encontrado en un balneario de Coyuca de Benítez, presentaba huellas de tortura. Tenía 17 años.

Karol Nahomi no cumplió ni medio año. Hoy, su madre está bajo investigación. Primero aseguró que la bebé de apenas cinco meses de edad le había sido arrebata de sus brazos; después, el cuerpecito de la bebé fue encontrado en un baldío de Saltillo, Coahuila, a dos calles de casa. Más tarde, Ana María, mamá, reconoció que el secuestro nunca sucedió, que murió dentro del domicilio por una broncoaspiración. Entró en pánico y abandonó el cadáver.

A Fátima la despidieron entre globos blancos y exigencias de justicia. La llevaron al panteón de Tulyehualco. El cortejo hizo una parada en la que fue su escuela, el último lugar en donde se le vio con vida. Pasó una semana, varios días de negligencia de todos los niveles de gobierno. Ayer por la noche, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, informó que los presuntos responsables, identificados horas antes tras un cateo, habían sido detenidos en el Estado de México.

Cinco casos, cinco entidades. Cinco causas y móviles. Cinco víctimas, sólo cinco de tantas. Todas mujeres, de entre cero y 88 años de edad. Todos los casos igual de atroces. Todos ocurridos en los últimos días. Y repito, sólo cinco de los varios crímenes que han ocurrido en el país.

¿Qué carajos sucede? ¿Qué pasa con nosotros, sus integrantes: los que acosan, los que entran en pánico, los que muestran indiferencia hasta con su propia sangre? ¿Qué sucede con las autoridades y funcionarios: aquellos insensibles, quienes, incluso, reprochan las formas de protesta, esos otros que evaden las preguntas, porque es claro que desconocen las respuestas? ¿Qué nos está ocurriendo?

Ayer fue casi imposible contener el llanto. A la suma de expedientes, se agrega también el tiempo que transcurre sin que las autoridades muestren algo de empatía. Sin que haya una ruta clara para detener lo que está sucediendo. ¿Así de mal estamos? ¿A este nivel de violencia debemos acostumbrarnos? No, nunca.