viernes 10 de abril del 2020

El 9M y las posturas


27 de Febrero de 2020

“Yo tendré que estar, como secretaria de Gobernación, en mi oficina, pero quiero decirles que cualquiera de las empleadas, de las funcionarias de la Secretaría que se quiera sumar, y no venir a trabajar, está en su derecho, no se le va a descontar, al contrario, se le va a pagar su día. Vamos a ser muy solidarias con este movimiento. Yo, en lo personal, soy muy empática con este movimiento porque es un movimiento de mujeres …”, expresó Olga Sánchez Cordero cuando reporteros la cuestionaron sobre #UnDíaSinNosotras del próximo 9 de marzo. El suyo será un paro activo.

Interesante ha sido el posicionamiento que, poco a poco, integrantes de la función pública han hecho al respecto. Por un lado, tenemos a la secretaria de Gobernación, quien muy bien ha explicado su postura al respecto. Nada hay que reprocharle, porque su trabajo proderechos de las mujeres es parte de su historia curricular.

Sin embargo, están otros que, casi oídos sordos, han asegurado que, en caso de que las mujeres falten, busquen la manera de reponer las horas.

Otros funcionarios –mujeres, para mi sorpresa– han expresado que no se suman a la protesta y rechazan categóricamente el paro nacional, como la alcaldesa de Hermosillo, Sonora, Célida Teresa López Cárdenas.

El asunto es que parece que no se ha entendido, que no se trata de parar ni que los hombres busquen la manera de que este próximo 9 de mayo las cosas funcionen.

Se trata de que tengamos de cerca la realidad que a tantas mexicanas y mexicanos ha llegado: que una joven estudiante, una secretaria o la gerente de una trasnacional no regresan a casa, que una madre dedicada, una maestra o una mujer mayor son asesinadas dentro de su hogar; o que una hermana, hija o mejor amiga está incomunicada por su pareja. De eso se trata. De concientizarnos sobre cómo estos ejemplos, que son sólo algunos, se han convertido en el cotidiano de muchas familias y que tienen un mismo punto de origen.

Se trata, también, de que a partir de las movilizaciones de mujeres que hemos visto en los últimos meses se configuren políticas públicas cuyo espectro permita, desde contener entornos machistas hasta castigar rigurosamente todos los delitos que a partir de éstos se cometen.

Ya lo está haciendo la CDMX, al menos desde hace 10 años, con la legalización de la interrupción del embarazo. Retoma bien ese camino el gobierno de Claudia Sheinbaum cuando anuncia que analizan si se violó la Ley de Protección de Datos Personales por la filtración de información en los casos de Ingrid Escamilla y la pequeña Fátima, y hasta cuando se hacen trazos urbanos para crear entornos más seguros. De esto se trata, de actuar.

“Nosotros estamos a favor de las mujeres, no somos machistas, o sea, venimos de un movimiento de izquierda, aunque no les guste, y ofrezco disculpas por anticipado. ¿Saben dónde está el machismo? ¿Quiénes son los machistas y los que discriminan? Los conservadores…”, afirmó ayer López Obrador en Palacio Nacional. El tema ha sido evidente, lo ha incomodado. Y me sorprende, porque al Presidente se le reconoce que desde su llegada a la jefatura de Gobierno de la CDMX en el 2000, abogó y materializó un equipo de trabajo paritario, lo repitió en su gabinete federal. Sin embargo, hoy México atraviesa una ola aterradora, histórica, de violencia hacia las mujeres, que nada tiene que ver con asuntos partidistas. Esto no es cuestión de posturas ideológicas ni de izquierda, derecha o centro. No tiene nada que ver con eso. La campaña contra el machismo que se anunció en la conferencia de este martes, no está de más, pero no es suficiente. Se trata de parar, para generar acciones.