jueves 04 de junio del 2020

¡Entiéndalo y acéptelo, no alcanzará para todo!

Endeudarse no es negativo; no, lo peligroso es hacerlo sin tener definida la correcta priorización del uso del monto contraído. O es destinado al dispendio por motivaciones político-electoreras o, por ejemplo, a paliar hoy los efectos de la crisis.

20 de Abril de 2020

Un dilema siempre presente en prácticamente todos los hogares mexicanos y en los de todos los países es, sin duda, reconocer que el ingreso disponible no basta para adquirir los satisfactores que los miembros de las familias desean poseer.

Dicho dilema tiene frente a sí, soluciones que en realidad no lo son; son simples remedos de aquéllas los cuales, más temprano que tarde se muestran con su verdadera faz: la trampa o la ilusión que lleva a muchos a la ruina por pensar que cuentan con recursos que en verdad no lo son.

Ese dilema, lejos de presentarse únicamente a las familias, es también parte importante de la vida de los gobiernos. Estos, tienen “soluciones” como aquéllas que en verdad no lo son, pues sólo representan una ilusión perversa que lleva a gobernantes demagogos a eludir la responsabilidad de hablar con la verdad a sus gobernados.

Esa conducta, es común también en el jefe de familia que teme hablar con la verdad a los suyos, y hace hasta lo imposible por obtener los recursos faltantes para verse bien ante ella. Es lo mismo que el gobernante; la cobardía lo lleva a tomar decisiones irresponsables pensando, ilusiones vanas, que la economía mejorará como por arte de magia y las deudas contraídas podrían, entonces, ser liquidadas y la felicidad reinaría otra vez en el país.

Lo anterior no significa en modo alguno, que endeudarse sea algo negativo; no, lo peligroso es hacerlo sin tener definida la correcta priorización del uso del monto contraído. O es destinado al dispendio por motivaciones político-electoreras o, por ejemplo, a paliar hoy los efectos de la crisis con miras a salvar empleo, ingreso y empresas.

Es lo mismo en las familias; si la deuda se contrae para lo frívolo, el problema aparentemente resuelto ahí sigue, pero agravado. ¿Un ejemplo? El padre que se endeuda para celebrarle a la niña su rumbosa fiesta de 15 años.

Ahora bien, el elemento central a tomar en cuenta ante la carencia de recursos para poder tener y dar todo todo el tiempo es, no otra cosa que reconocer el hecho y la cruda realidad que significa, tanto para las personas y sus familias como para el gobernante y su gobierno.

Esto último requeriría, de unos como de los otros, valentía y disposición a hacer lo que deben ante dicha realidad —por más impopular y doloroso políticamente que fuere— porque, únicamente así se estaría pensando en el mediano y largo plazo, no en las frivolidades y falsas popularidades de la inmediatez.

Llegamos así a la situación que hoy enfrenta México; en los tiempos que corren, el gobierno pretende hacer hasta lo impensable por más insensato que fuere, para lograr tener todo y sacar adelante sus descabelladas prioridades. Esta conducta, propia de demagogos que han perdido la cordura y la sensatez, ven las carencias evidentes de recursos y la debilidad peligrosa de las finanzas públicas como conjuras de los adversarios y no como debería, el resultado natural de un rosario de decisiones erradas y erráticas en materia de asignación eficiente de los escasos recursos con los que se cuenta.

Hoy, más deuda estaría fuera de toda discusión, no porque las finanzas públicas no pudieren soportarla sino por el destino que el actual gobierno daría a lo contratado: uso clientelar y electorero que reforzaría lo hecho estos últimos 15 meses, para asegurar un ilusorio apoyo electoral en julio del año próximo.

La política de pretender sacar dinero de todas partes y de todos, lejos de asegurar una efímera popularidad, la debilita. Aportaciones impuestas desde la oficina del Presidente mismo sin consideración alguna de la realidad de miles de servidores públicos es, en las condiciones actuales, criminal. Sin embargo, esto poco importa al que piensa que todo lo puede enfrentar y resolver mediante el despilfarro de los recursos escasos del erario.

Por ello, es ilusorio pensar que el gobernante entenderá y aceptará lo que la realidad no cesa de decirle: los escasos recursos obligan a cancelar y/o posponer sus costosísimas ocurrencias, inviables en todos sentidos. Es claro que no está dispuesto a ceder un ápice en sus posiciones e ideas, dañinas para la economía.

Ante la necedad de aquél y la complicidad producto del servilismo de quienes lo rodean, ¿qué nos quedaría? Aun cuando podría parecer burla, simplemente prepararse lo mejor que podamos para la debacle la cual, ya se avizora en el horizonte.

Ángel Verdugo