martes 14 de julio del 2020

Feminicidios, neoliberalismo y empatía

• Hay que reconocer que la única que se alejó de la ideologización y asumió, como debe ser, sus responsabilidades, fue Claudia Sheinbaum, quien se dejó de rodeos y señaló los errores e ineficiencias que se cometieron en el caso Fátima.

Resulta difícil comprender la falta de empatía que ha exhibido el presidente López Obrador ante el tema de los feminicidios y, en particular, del secuestro y asesinato de la niña Fátima. Responsabilizar de esos crímenes al neoliberalismo o insistir en que los asesinatos de mujeres se han reducido, cuando todo indica lo contrario, es un sinsentido absoluto en un momento en el que la gente lo que le está pidiendo es solidaridad, acciones concretas e, incluso, capacidad de indignación.

Cuando el martes el Presidente se enojó con un editorial de El País, de España, crítico y preciso, por la inoperancia oficial ante la violencia contra las mujeres, no tuvo mejor idea que arremeter contra quien fuera el secretario particular de Ernesto Zedillo, Liébano Sáenz, entre 1994 y 2000, o sea hace más de 20 años, y comparar los feminicidios y el asesinato de Fátima con el Fobaproa (sic).

Es una falta de sentido común y de respeto a las víctimas. Por cierto, de lo que sí fue responsable Liébano fue de haber negociado, desde la Presidencia de la República, para que se aceptara la candidatura de López Obrador a jefe de Gobierno de la Ciudad de México, a pesar de que no cumplía con los requisitos mínimos para ser candidato. Ésa sí fue responsabilidad de Liébano y Andrés Manuel tendría que estar eternamente agradecido por ello.

Pero es tan inútil ligar el Fobaproa con los feminicidios como recordar que hace algunas décadas el propio López Obrador era presidente del PRI en Tabasco y componía el himno de ese partido.

Durante los gobiernos de Salinas o Zedillo, con o sin Fobaproa, y mientras López Obrador tomaba carreteras y pozos petroleros en Tabasco, la seguridad del país estaba lejos de sufrir una crisis como la que llegó años después, y ya llevábamos muchos años de neoliberalismo.

En realidad, la crisis de seguridad en la Ciudad de México comenzó durante el gobierno capitalino de López Obrador, con una ola inusitada de secuestros y extorsiones que provocaron aquella multitudinaria marcha por la paz que el jefe de Gobierno calificó como de “pirruris”. Cuando se sucedieron linchamientos en zonas populares e incluso el de los policías federales en Tláhuac, quemados vivos por una turba que los confundió con secuestradores, turba azuzada por integrantes del EPR que escaparon, así, de una reunión que mantenían en la zona y que era la que esos agentes estaban investigando, el jefe de Gobierno sostuvo que los linchamientos y la justicia por propia mano eran “usos y costumbres” de los pueblos indígenas.

Pero han pasado los años y todo eso empalidece ante el crimen de Fátima y la ola de feminicidios que vivimos en todo el país. Hay que reconocer que la única que se alejó de la ideologización y asumió, como debe ser, sus responsabilidades, fue la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, quien se dejó de rodeos y señaló los errores e ineficiencias que se cometieron en el caso Fátima y puso a todo su equipo a trabajar en ello, hasta identificar a los responsables. Eso es lo que quiere la gente: resultados, no justificaciones ideológicas utilizadas para evadir responsabilidades.

Se entiende que el presidente López Obrador sea un hombre conservador, religioso, que nunca ha sido impulsor de las causas feministas. Está en su derecho. Pero no las puede ignorar ni puede escapar de las responsabilidades que son inherentes al ejercicio del cargo: y el hecho es que los feminicidios han aumentado año con año, con un salto importante en 2019 y llevan una tendencia arrasadora en este 2020. No se puede negar que desaparecen mujeres y niñas todos los días, que diez mujeres son asesinadas cada día en todo el país y que el índice de impunidad alcanza, en esos crímenes, tasas de hasta el 99 por ciento.

¿Qué se va a hacer? Eso es lo que quiere saber la gente y lo que le exige al gobierno federal y a los gobiernos locales. ¿Qué medidas de seguridad se van a implementar, cómo operarán las policías, qué se va a hacer con los ministerios públicos y los jueces para que no victimicen a las mujeres que sufren acoso, violencia, violación o a sus familiares cuando van a denunciar su desaparición o asesinato?

No sirve que se nos diga que el Presidente tiene todos los días a las cinco de la mañana una reunión del gabinete de seguridad. No lo dudo, lo sé, que muchos de esos funcionarios en verdad trabajan cotidianamente, con aciertos y errores, en tratar de revertir la situación de inseguridad. Pero la gente quiere certidumbres, no clases de moral. Nada servirá si no se comienza por tener, desde las más altas tribunas de la nación, empatía por las víctimas y respuestas concretas a sus demandas.