miércoles 05 de agosto del 2020

Fuerte y tupido

01 de junio de 2020

Me cuentan que fui tundido en el vecindario cibernético (no estoy en las “benditas” redes sociales) por afirmar que el doctor Hugo López-Gatell “dejó ver al pequeño protonazi que lleva dentro” al descalificar a la senadora Alejandra Reynoso con artilugios de psiquiatra o psicólogo.

Irónico al aventurar su diagnóstico, el subsecretario fue misógina y rudamente despreciativo. “No está usted para saberlo”, comenzó diciéndole, “pero puede ser de interés común: existe en la fisiología humana una serie de funciones que les llamamos las funciones mentales superiores…”, entre otras la atención, facultad que, en su opinión, la señora no tiene.

Procede recordar lo que Reynoso le planteó en el videochat que el vocero de la pandemia sostuvo con integrantes de la Junta de Coordinación Política del Senado: “¿De qué se trata? Es difícil mantener una mentira tan grande y que cuadre en todas sus vertientes, ¿no cree? Esta falta de precisión es lo que genera desconfianza y falta de credibilidad en los mexicanos ante tanta incertidumbre…”. Afirmar ella que López-Gatell se aferraba a “una mentira tan grande” fue dar por sentado que el funcionario mintió, o que es un mentiroso, lo que hace insidiosas tanto la afirmación como la pregunta “¿no cree?”.

Pero que la “falta de precisión es lo que genera desconfianza y falta de credibilidad en los mexicanos ante tanta incertidumbre”, ¿quién se atreve a rebatir eso? Ah, pues López-Gatell. Tan propio y articulado (lo de “colegas y colegos” debió haber sido un chiste que solo él entendió), tan vehemente y didáctico que es el doctor al hablar, que bien pudo, de manera tajante o con caballerosidad, desmantelar la ofensiva premisa y responder a lo demás, cosa que no hizo. Y no lo hizo porque, en castellano común, disfrazó “responder” con la lección sobre “fisiología humana” que dio a la senadora fue otra manera de decirle ignorante, impertinente o idiota, y esto último, el de la debilidad mental, es lo que me hizo pensar en el siniestro destino que para los inválidos deparó el nazifascismo.

Repárese en su mañosa réplica: “Usted —posiblemente, no lo asumo— tiene poca familiaridad con el Sistema Nacional de Salud. Quizá, seguramente, con la salud en general”. Sin embargo, la interpelada es integrante, entre otras, de la Comisión de Salud. Como diputada federal (2009-2012) estuvo asimismo en la de Salud, Asuntos Fronterizos y Migratorios, y ha participado en la atención a enfermedades “raras”, así como en el análisis y discusión de anteproyectos en torno de la reproducción humana asistida, vientre subrogado y la legalización de la cannabis para uso medicinal.

Algo sabrá, por poco que se quiera, sobre salud. Por eso mismo los panistas que denunciaron al epidemiólogo ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación se quedaron cortos al acusarlo de misógino, ya que la desacreditación de las facultades mentales va más allá de los estragos atribuibles al machismo. Finalmente, herr quiere decir señor (y qué bueno que heil quedó entre interrogaciones).

Carlos Marín

cmarin@milenio.com