martes 25 de febrero del 2020

Fuga de reos: por la puerta grande

Razones
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

• El escape fue muy similar al de 2005 de otro personaje ligado al Chapo, Otto Roberto Herrera García, narcotraficante guatemalteco… Da la casualidad que, desde entonces, Hazael Ruiz se mantiene en el mismo cargo en el Sistema Penitenciario de la ciudad.

Las prisiones del país son un desastre de seguridad y un nido de corrupción. La fuga, ayer, del Reclusorio Sur de la Ciudad de México, de Luis Fernando Meza González, Yael Osuna Navarro y Víctor Manuel Félix Beltrán, es un hecho gravísimo. Los tres son integrantes del Cártel de Sinaloa, y Félix Beltrán es uno de los principales operadores financieros de esa organización, se dice que es hijo del consuegro de Joaquín El Chapo Guzmán y estrechísimo colaborador de los hijos de El Chapo, Iván Archivaldo y Ovidio. Los tres estaban en el reclusorio Sur a la espera de ser extraditados a Estados Unidos.

La fuga es un hecho gravísimo porque, en esta ocasión, los operadores del Cártel de Sinaloa ni siquiera tuvieron que hacer un túnel, se fueron por la puerta grande (al escribir estas líneas aún no se sabía cómo) de uno de los principales reclusorios del país. La corrupción tiene que haber sido muy extendida para que pudieran pasar controles y puertas de seguridad sin ser detectados. Pueden las autoridades capitalinas argumentar, como se hizo ayer, que narcotraficantes peligrosos deberían estar en cárceles federales y no estatales, pero lo cierto es que, sin un esquema muy amplio de corrupción, ese tipo de fuga hubiera sido imposible. El caso involucra a toda la Dirección de Reclusorios de la ciudad que, además, se mantiene en esa posición desde hace años.

La fuga es un hecho gravísimo porque alimenta aún más las sospechas de un trato o acuerdo con el Cártel de Sinaloa. Los fugados, sobre todo Félix Beltrán, son personajes cercanísimos al Chapo Guzmán y operadores principales de sus hijos, que manejan buena parte del tráfico de fentanilo a Estados Unidos. Que estos personajes se fugaran con tanta facilidad, por la puerta de un penal tan importante como el Reclusorio Sur, tres meses después de que se decidió no continuar con la detención de Ovidio Guzmán por el culiacanazo, dispara todas las alarmas, en México y en Estados Unidos, en donde eran reclamados los tres fugados.

El escape fue muy similar, según informes preliminares, al de otro personaje muy ligado al Chapo, quien manejaba los envíos de cocaína desde Guatemala a México. Otto Roberto Herrera García, el más importante narcotraficante guatemalteco, por quien Estados Unidos había solicitado la extradición, se fugó una noche de mayo del 2005, también del Reclusorio Sur. Según declaró entonces el director general de Prevención y Readaptación Social de la ciudad, Hazael Ruiz, esa fuga no se pudo haber realizado sin complicidades internas. Da la casualidad que, desde entonces, Hazael Ruiz se mantiene en el mismo cargo.

Herrera García, apodado El Profe, se encontraba preso en el Reclusorio Sur a petición del gobierno estadunidense, que había solicitado su extradición. 45 funcionarios fueron interrogados por la fuga de Herrera, nunca se supo si alguno de ellos fue condenado por ese hecho.

Quince años después, se reedita el mismo tipo de fuga de narcotraficantes con los mismos antecedentes, todos cercanísimos e importantes operadores del Cártel de Sinaloa, cuando las autoridades carcelarias siguen siendo las mismas.

Para agregar más condimentos al tema, el propio gobierno capitalino anunció que uno de los investigados por la fuga es nada menos que el juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna (el sobrino de Dolores Padierna y René Bejarano, famoso por la controvertida detención de Rosario Robles), pues fue él, junto con otros dos jueces, quien ordenó el traslado de los detenidos a la Ciudad de México, al Reclusorio Sur, de donde se fugaron.

No es la primera vez que el juez Delgadillo Padierna se ve involucrado en casos donde se libera en forma controvertida a peligrosos narcotraficantes, en causas que estaban en sus manos. El juez Delgadillo Padierna, por ejemplo, fue quien en octubre liberó a 22 presuntos integrantes del cártel de la Unión Tepito, detenidos con armas y drogas en una vecindad apodada La Fortaleza. En esa ocasión se detuvo a las 22 personas, se incautaron vehículos y se decomisó más de una tonelada de mariguana. Todos fueron dejados en libertad por decisión del juez. Esta vez no fueron liberados, se fugaron.

Habrá que ver quién le explica estas fugas al procurador estadunidense William Barr en su muy próxima visita a México, donde está siguiendo muy de cerca, entre otros, estos temas de las extradiciones de criminales a su país. Por lo pronto, una vez más se demuestra que la corrupción no es patrimonio de un sexenio o una administración. Le ocurre a todos, aunque eso duela.