martes 14 de julio del 2020

La protesta de las mujeres, ¿un cisne negro?

ÁNGEL VERDUGO

28 FEB, 2020

La falta de previsión de no pocos funcionarios en el gobierno que hoy padecemos, los lleva a menospreciar la gravedad y complejidad de algunos problemas cuya probabilidad de estallar o convertirse en crisis, es altamente improbable.

Esos problemas —altamente improbables de ocurrir o agravarse, o de estallar y convertirse en crisis si lo prefiriere—, no parecen estar en el interés de funcionarios como consecuencia de su inexperiencia, y de una visión pueblerina en un mundo globalizado.

Los definidos como cisnes negros por Nassim Nicholas Taleb en su libro ya clásico (The Black Swan; Random House), dicen más de quienes gobiernan al no entender a cabalidad la importancia del impacto de esas eventualidades (altamente improbables), que del cisne mismo.

Hoy por ejemplo, posiblemente estamos frente a un cisne negro el cual, desde hace meses —para un funcionario acucioso y experimentado— se veía venir. Me refiero a las protestas de mujeres como respuesta a la pasividad cómplice —casi criminal— de la autoridad, frente a los asesinatos de mujeres sin importar su edad y condición.

La profundidad e intensidad de la protesta tomó por sorpresa prácticamente a todos los que deberían recopilar —por un mínimo sentido de responsabilidad en la gobernación—, la obligada inteligencia que les habría permitido adelantarse a los hechos, que hoy sólo lamentan.

Sin embargo, como consecuencia del desmantelamiento de las estructuras encargadas de recopilarla y el despido masivo de quienes tenían años en dichas áreas, se explica el pasmo y los dislates de quienes en vez de reconocer su responsabilidad en el desastre que les estalló en la cara, recurren al insulto a las que prefirieron salir a las calles a expresar su indignación y exigir justicia, eficiencia y resultados de la autoridad.

Estoy tentado a afirmar que el movimiento de las mujeres mexicanas que hoy ha sorprendido al gobierno federal y a no pocos gobernadores, es un cisne negro en el sentido que Taleb los ha definido. De aceptar que lo es, la pregunta obligada sería: ¿qué sigue para las que hoy protestan y han convocado a un paro para este 9 de marzo (el Nueve Ninguna se Mueve)?

¿Acaso la apuesta de López y las funcionarias que han intentado minimizar —cuando no descalificar— el movimiento que sigue extendiéndose, es que morirá por apatía y desinterés? ¿En verdad piensan que estamos ante un cerillazo que de inmediato se apagará?

De ser así, además de no entender lo que es un cisne negro, tampoco tienen idea de la profundidad de la molestia ciudadana frente a una gobernación errática la cual, por decir lo menos, carece de la menor idea de hacia dónde debe ir, y con qué aliados.

Todo deja ver que la protesta de las mujeres será, se entienda o no, el parteaguas de una gobernación que nació sin rumbo de la cual, sus responsables, al carecer de la experiencia y capacidad obligada para entender las causas de los problemas sociales y proponer soluciones, sólo harán que el problema crezca en gravedad y complejidad.

Los insultos y las descalificaciones no son hoy ni lo serán mañana, herramientas útiles frente a la protesta social.