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México elegirá presidente entre el miedo y la ira
Lunes, 04 de Diciembre del 2017
 
 
 

Como si se dirigiera hacia una tormenta perfecta, además de encontrarse frente al alza de las tasas de interés de EU, los escenarios en torno al TLCAN y la inestabilidad política en América Central; México tendrá presidenciales en 2018 con candidatos particularmente polémicos. 
 
México parece dirigirse hacia una tormenta perfecta. Las tasas de interés estadounidenses están aumentando. Donald Trump podría acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. 
 
La inestabilidad política en América Central está aumentando. Para colmo, la segunda economía más grande de América Latina tiene elecciones presidenciales el próximo año, con candidatos particularmente polémicos.  
 
Rara vez las opciones de México han parecido tan sombrías. Aunque todavía es temprano -la elección es en julio- la contienda se está definiendo esencialmente como una carrera de dos caballos. Al frente de las encuestas se encuentra Andrés Manuel López Obrador, de 64 años, un patriarca izquierdista y exitoso exalcalde de la Ciudad de México. Aunque alguna vez fue admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez, no es realmente como ninguno de estos revolucionarios socialistas. 
 
 
AMLO, como se le conoce ampliamente, es más bien un caudillo latinoamericano al viejo estilo: un microgerente nacionalista e intervencionista, con un complejo mesiánico, quien quiere regresar a México al pasado. Su grito de guerra es el del ajeno: aplastar lo que él llama las “mafias del poder” de México, el equivalente local a “drenar el pantano” de Trump. Esto resuena ampliamente en un país comprensiblemente harto de la corrupción, la violencia creciente y la impunidad legal de las élites que se han exhibido tan flagrantemente durante la presidencia de Enrique Peña Nieto. AMLO es el “candidato de la ira” y los mexicanos tienen muchas razones para sentir ira. 
 
Su oponente más fuerte es José Antonio Meade, de 48 años, cuya candidatura fue respaldada oficialmente por el Presidente la semana pasada. Exsecretario de Relaciones Exteriores, secretario de Energía y dos veces secretario de Hacienda, más recientemente con Peña Nieto, Meade es el favorito de los inversionistas: un tecnócrata práctico con el apoyo de varios partidos y una reputación de limpieza en sus tratos. Pero también deriva su poder y proyección del gobernante PRI.  
 
Ésta es la máquina política que más o menos ha controlado a México desde la década de 1930, y que muchos ven como la fuente corrupta de la que nacen muchos de los problemas del país. Aun así, Meade ofrece continuidad y competencia en contraste con AMLO. Por lo tanto, es el “candidato del miedo” y, en medio de tanta incertidumbre, los mexicanos tienen mucho que temer. 
 
¿Quién se ve mejor posicionado para ganar? AMLO goza de amplio apoyo nacional, especialmente en el sur pobre. Tiene un atractivo especial para aquéllos que temen que la modernidad los esté dejando atrás, una tendencia mundial. Las diatribas antimexicanas de Trump ayudan a su causa nacionalista. Si AMLO reúne una camarilla de asesores competentes, sería muy difícil que perdiera esta elección.  
 
Meade enfrenta desafíos muy diferentes. Nunca antes ha ocupado un cargo electo, por lo que necesita todo el apoyo de la formidable maquinaria electoral del PRI para ganar. Al mismo tiempo, debe distanciarse del PRI para tener credibilidad con los votantes que de lo contrario lo verán como un títere. A su favor está la elección presidencial de México con un formato de una sola ronda, lo cual podría ganarle el apoyo de los votantes que prefieren “a cualquiera menos a AMLO” quienes no están a favor de él o del PRI, pero que prefieren al ‘malo por conocido’. 
 
Promete ser una contienda cerrada. Meade aparece en torno al 20 por ciento en las encuestas, AMLO con un 30 por ciento, y cualquiera podría ganar con sólo el 40 por ciento de los votos. La tensión entre las dos emociones básicas del miedo y la ira prácticamente asegura una campaña feroz también.  
 
Con estas elecciones indecorosas y poco atractivas, en las que un candidato ofrece dar un salto hacia lo desconocido, México parece estar siguiendo el manual electoral norteamericano de las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado. 
FUENTE:EL FINANCIERO