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  Viernes, 19 de Enero del 2018  email: miradorinformativo.com@gmail.com   
  Embarazo adolescente
Cecilia Muñoz
Polisemia
 

  Si de algo podemos estar orgullosos los veracruzanos, además de nuestro característico 
     buen humor y de poseer un puerto donde las olas del mar hacen su nido, es de ir a la 
     cabeza en la carrera nacional de casi todo lo que se nos ocurra: violencia, defunciones por 
     diabetes, feminicidios, muertes maternas y embarazo adolescente. 
      
     Y mientras Veracruz ocupa el segundo lugar a nivel nacional en embarazos adolescentes, 
     Xalapa se encuentra en el segundo puesto estatal, de acuerdo con Guadalupe López 
     García, quien presentó en días pasados los resultados de la investigación “Panorama de la 
     situación del embarazo adolescente y abandono escolar”. Como si lo anterior no fuera de 
     por sí lamentable, en marzo de este año Adolfo Toss Capistrán reveló que hasta ese 
     momento de la administración municipal, el DIF había detectado entre 30 y 40 casos de 
     niñas embarazadas, niñas entre los 13 y 15 años, aunque también hay registro de 
     embarazo en infantes de 10 a 14 años. 
      
     La falta de estrategias de las instituciones para prevenir el embarazo adolescente, acusó 
     Guadalupe López García, ocasionó que éste, en vez de disminuir, aumentara, mientras que 
     su continuación está ligada a la educación y cultura que les impiden a las menores acceder 
     a una Interrupción Legal del Embarazo. Y a eso habría que añadirle que hasta julio de este 
     año, se estimaba que solo el 80% del personal de Salud había recibido capacitación sobre 
     la Norma 046, la cual establece los procedimientos para atender a las mujeres víctimas de 
     violencia sexual: otorgar profilaxis para evitar ETS y anticonceptivos de emergencia, así 
     como derivarlas a una Interrupción Legal del Embarazo en caso de necesitarlo. 
      
     Por supuesto, se podría decir que todo esto se evita desde casa, ¿pero cómo? En muchos 
     casos, la violencia sexual que deriva en un embarazo inicia ahí y en otros, la educación es 
     mediocre. No se habla de sexualidad y cuando se aborda el tema, la parcialidad reina. “La  
     charla” se imagina cuando los menores cumplen 12 o 13 años, cuando se cree que han 
     dejado la infancia y se adentran en el estallido de hormonas de la adolescencia, pero se 
     olvida que la sexualidad humana atraviesa todos los aspectos de nuestra vida: biológico, 
     psicológico y social. Postergando “la charla” hasta el inicio de la adolescencia, la 
     sexualidad termina revistiéndose de ignorancia. 
      
     No hay, sin embargo, que bajar la guardia. Mientras las instituciones –¿Salud, Educación, 
     Gobierno?– tratan de mejorar su chamba, nosotros como padres, familiares o maestros, 
     tratemos de poner nuestra granito de arena desde el conocimiento, respeto y cariño hacia 
     los niños y jóvenes. Recordemos: ellos y especialmente ellas aún están aprendiendo y lo 
     que requieren no son responsabilidades que sobrepasen su edad, ni juicios ni 
     imposiciones, sino guía. 
      
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