miércoles 05 de agosto del 2020

¡O salvamos a la economía o salvamos al hombre!

27 de marzo de 2020

Lenin Torres Antonio

"l'ispirazione divina nutre l'anima"1

Lo que escribí en el Facebook

No podemos parar el mundo, “el remedio es peor que la enfermedad”, sentido común, para todos aquellos que han presionado y criticado al gobierno para que declare la emergencia nacional, y eso no es posible, se pararía la economía, y eso es la muerte de un mundo basado y configurado por la economía capitalista, ahora, no paremos la economía hasta cuanto podamos, y de mientras, construyamos una cultura de la higiene, la prevención y la solidaridad, y después cambiemos la visión económica lúdica y epicureista, sin justicia social del mundo, por una economía comunitaria y humana, una revisión de nuestra visión del hombre y de la sociedad…..EL PROPIO IMPERIO LO SABE, NO SE PUEDE PARAR LA ECONOMÍA…SI EL IMPERIO SUFRE CUANDO MÁS NOSOTROS…¡NUESTRO PRESIDENTE LO SABE Y HA ACTUADO CON PRUDENCIA!

merece cierto contexto y debate, precisiones y aclaraciones, si bien es cierto que parte de una declaración de Trum, esto no significa una apología, ni mucho menos una adhesión y justificación del sistema neoliberal, que siempre he pensado es la peor pandemia que ha generado el propio hombre, y que ha dejado más muertos, incluso mueren seres humanos aún sin haber nacido, condenados a la pobreza y al hambre, que todos las pandemias, conflictos armados y catástrofes naturales. Y que, al contrario, es una denuncia que hice que esta terrible disyuntiva que vive el ser humano: ¡o salvamos la economía o salvamos al hombre!, nunca la hubiéramos tenido si se hubieras creado una economía realmente democrática al servicio del hombre.

Un sistema económico que reflejando la sentencia marxista que la “existencia social determina la consciencia social”, ha creado una visión del hombre y sus fines frívolo, ciego y pobre, las sociedades actuales dóciles e ingenuas, comparten porciones de cumplimiento de deseos con represión, amores ficticios con sufrimiento, se resuelve la vida humana en una grito desgarrador ante un gol, una enceste, un bateo, un golpe fulminador al adversario, orgasmos de un segundo, dónde se

deposita el sentido de la vida, aunque el mayor del tiempo, nos despertemos aturdidos queriendo haber nunca despertados para continuar viviendo el verdadero goce de completud, la muerte, y después arrastremos nuestros cuerpos por baños monotemáticos, escaleras y elevadores interminables, diálogos repetidos hasta la saciedad, y depositemos nuestro cuerpo en un lugar que nunca hemos amado, y nuestras almas continúen pérdidas en nubarrones paradisíaca que apenas las sostienen.

Trum en esa declaración defiende la elección de la economía a costa de vidas humanas y sufrimiento, no deja de insistir en su defensa a ultranza de una ética pública tramposa y construida ad hoc de la necesidad de construir sujetos que reproduzcan y sostengan el sistema económico dominante, la desigualdad social, y preservar la dialéctica perversa que nunca termina en una síntesis, pobre-rico, la disolución de la lucha de los contrarios es un imposible necesario y vital para sostener la visión de lo que es “justo”, ninguna Antígona tiene cabida en ese sistema neoliberal.

Textualmente, declara: “puedes destruir un país si lo apagas”, “perdemos miles de personas cada año por la gripe y nunca hemos cerrado el país. Perdemos mucha más gente en accidentes de automóvil y no los prohibimos. Podemos distanciarnos socialmente, podemos dejar de darnos la mano por un tiempo. Morirá gente. Pero perderemos más gente si sumimos al país en una recesión o una depresión enorme. Miles de suicidios, inestabilidad. No puedes cerrar Estados Unidos, el país más exitoso. La gente puede volver al trabajo y practicar el buen juicio”, “Nadie me ha preguntado si, como persona mayor, estaría dispuesto a arriesgar mi supervivencia para mantener los Estados Unidos que amamos para mis nietos y bisnietos. Si ese es el trato, yo lo acepto”, “no se puede detener la economía para siempre”. “¿Debemos empezar a pensar sobre si todo el mundo debe estar sin trabajar?

Incluso pretende ser un mártir del sistema, si tiene que entregar su vida por el futuro de las nuevas generaciones, “¡lo hará!”, lo que no dice, es que está dispuesto al sacrificio para preservar este sistema injusto para la élite minoritaria que gobierna este mundo, y que su declaración deja ver su preocupación que esta crisis sanitaria del coronavirus arrastre el predominio y el dominio yanki del mundo: “No puedes cerrar Estados Unidos, el país más exitoso”, la maquinaria de hacer dinero debe mantenerse a costa del sometimiento, la discriminación y explotación de la mayoría de los países del mundo, incluido México quien tuvo la desgracia de estar “lejos de Dios y cerca de los Estados Unidos”.

Traigo algunos párrafos que creo oportunos de un texto que hace un tiempo escribí que titulé, “Los estragos del espejismo democrático”2

Sigue vigente que el problema no es cómo re-encauzar el orden mundial, porque sería como reproducir la misma espiral de muerte de la política decadente, sino como jubilar a esa clase política dominante, y eliminar a la verdadera clase dominante (situados en EEUU, Inglaterra; Francia e Israel), y hacerlos entender que sólo hay un mundo, y construir nuevas letras que sustituyan ese espejismo democrático, o le den vigencia real al Estado Democrático”, porque no será esa clase política la que se inmole para hacer resurgir un sistema político mundial más sano y vigoroso, sino la voz y la fuerza de los pueblos, quienes deben asumir en sus manos la muerte de los dictadores democráticos y no democráticos, el sistema mundial debe surgir no de las cenizas de éste caduco sistema político mundial basado en una geopolítica de fuerzas y contra fuerzas para mantener una sola obra de teatro, en donde vale hasta el acto revolucionario de forma medida y predecible con tal de que se mantenga el 1% que ostenta el verdadero poder.

Tenemos como punto de referencia para organizar nuestra vida en sociedad mitos, principalmente el democrático, desde donde los hombres acceden al poder político, y desde donde se quiere hacer parecer que es para el bienestar de la gente, pero no es así, es el escenario que nos han permitido montar para elegir los sujetos que reproduzcan el sistema dominante, y mantengan el statu quo perverso e inmoral.

Estamos ante una realidad social que no es la que nuestros marcos conceptuales y de conocimiento nos describen, ni mucho menos, lo que Platón, Aristóteles, Rousseau, Hobbes, Locke, Diderot, etc- escribían, estamos más cerca de Maquiavelo, Dostoievski, Nietzsche, Freud, Foucault, etc. Tenemos que volver a escribir la historia del hombre, y aun cuando nos duela dejar de amarnos, y ver la tragedia y lo irracional como lo constituyente.

En contraparte, y lo peor no venido de un intelectual, ni de un revolucionario, ni de un humanista, sino un sujeto de la misma estirpe, quien hace una apología de la otra parte de la disyuntiva, …O SALVAMOS AL HOMBRE, Bill Gates: «Recuperar la economía es más reversible que revivir a las personas».

Esto no lo esculpa de ser parte de la construcción de ese pernicioso espejismo democrático y sus estragos fatales, quizás también puede ser que su declaración venga de su experiencia del pensamiento de la muerte, las reflexiones que provienen de ese límite, lo real, del no-ser, desafortunadamente se dan cuando ya es demasiado tarde, experiencia, que siempre terminan por entender que la vida banal y frívola no tiene sentido ante la perdida del ser, la muerte es lo único que nos a completa, y el sentido de la vida se reduce al cuerpo, un cuerpo que no se quiere abandonar.

La emergencia sanitaria del coronavirus nos pone ante una disyuntiva que no es fácil de resolver, cualquier decisión implica sufrimiento, porque los caminos cargan con una verdad, la muerte, así que o preservamos esa economía monstruosa e inhumana neoliberal con más muertes, o preservamos al hombre, aunque tenga que partir de cero, y esto no está exento de muerte y sufrimiento. Una disyuntiva que nunca debió existir.

Algunos balbuceos de la nueva gramática del hombre:

Se necesita desposeer al discurso racional de ese privilegio de criterio absoluto de la verdad, y descubrir que conviven, principalmente en los estadios sociales, elementos endógenos y exógenos que se auto-referencian, imposibilitando toda discriminación, y regeneración, a no ser que se dé un salto cualitativo dialéctico desde la negación de la negación que posibilita un nuevo ser, aunque éste esté condenado tarde que temprano a enajenarse en esa autor-referencia.3

Esto no queda tan claro, salvo que se reconozca el fantasma marxismo de ese autoengaño, y la reducción a ese plus económico del sentido humano de existencia verdadera, y el privilegio del discurso legitimador de esa racionalidad a ultranza que sumando al inconsciente freudiano anula toda singularidad, singularidad necesaria para resolver el problema de esa visión única del mundo del semblante que vivimos como real.4

Vuelvo a decir, ¡Descanse en paz nuestra civilización!